Me he puesto el Adagio número 2 del Concierto de Aranjuez, música melancólica, para despedirme del papel.

Quienes me conocéis ya hace muchos años que no habéis estado en una reunión conmigo en la que yo llevara el consabido cuaderno, que ha evolucionado a Moleskine últimamente de forma notoria. Mis notas en el teléfono (con teclado interno o externo), y sincronizadas con el correo. Ordenaditas y sin que se me olviden las cosas.

Dicen mis padres que empecé a leer con tres años y que con cinco me llevaba el periódico a mi cuarto para leérmelo. Están registradas varias ocasiones en las que un libro mediano me lo terminaba el mismo día, y el número de libros que hay en mi casa es proporcional al de una persona que experimenta placer mientras ojea un libro nuevo que se acaba de comprar mientras sale completamente despistado de la tienda.

Pero creo que se acabó. Mi ex-compañero y buen amigo Moi me acaba de traer mi juguete nuevo. La experiencia de usuario es extraordinaria, hasta el punto que se te olvida que no es un libro. Caben más de 100 libros antes de ampliar la memoria. La batería aguanta semanas con una sola carga.

Adiós, papel, nunca te olvidaré.