Es curiosa la oleada que ha llegado en estos últimos meses en cuanto a empresas que van por ahí proponiendo todo tipo de soluciones de “set top box” para que los hogares alcancen alguna funcionalidad nueva en el salón de casa: los hay que ofrecen video on demand, los que traen PVR, los que dan conexión a internet en la tele, los que permiten acceder a contenidos premium de pago, los que ayudan a llevar multimedia (vídeos, fotos, música) al salón, los que “reenvían” la señal privada a través de internet, y por supuesto, los que ayudan a las descargas de internet.

Supongo que todo habrá empezado por el éxito de Tivo, que ya viene de largo, pero últimamente estoy empezando a recibir preguntas de lo más variado por parte de la gente más insospechada. Últimamente Gonzalo y Chica de la Tele glosan alguno de los últimos movimientos de BlockBusters y de SlingBox.

Creo que se puede decir que el mercado está confuso, muy confuso. Y a mi me resulta divertido que esta confusión llegue ahora, cuando es un tema que lleva años dando vueltas.

Al final, no se equivoquen, el usuario televidente escoge. Escoge con el mando a distancia que uno tiene un 17% y otro tiene un 6% de share. Y escogerá, no lo duden, qué tipo de dispositivo tiene en el hogar.

¿Y qué escogerá? Aunque no somos adivinos ninguno, hay algunas cosas que sí tengo claras, al menos en cuanto a normas generales a largo plazo.

  1. Mercado maduro, mercado no integrado. Interactúan tres mercados muy claramente diferenciados aquí: el de los contenidos, el del transporte y el de la electrónica de consumo. Cuando nace un nuevo paradigma de uso, como está pasando ahora, es bastante normal que existan modelos integrados que presenten un nivel importante de éxito. Puede pasar que algún actor aproveche que las tres industrias están en río revuelta para pescar algunos peces iniciales.

    A la larga, no se equivoquen, habrá tres mercados distintos y las integraciones verticales cerradas no tendrán cabida. Por poner un caso muy claro: iTunes. Ha sido y es un porcentaje altísimo del mercado musical por internet. A la larga, yo creo que esta posición no es sostenible. Otros grandes, como Sony, Nokia o Microsoft andan detrás de sus pasos que se sostienen sólo por la popularidad del iPod.
  2. Convergencia de estándares. No sé si este tema esta tan claro para todo el mundo como para mí. Al final, hay dos grandes cuerpos de estándares que yo creo que serán relevantes a medio plazo: los del DVB y los de internet. Y, a la larga, estos tendrán que converger hacia los estándares IP.

    Los estándares del DVB son un poco los estándares “del gremio”, que se están viendo afectados por los que traen los chicos nuevos del barrio. El caso de MHP demuestra que los del DVB tienen mucho poder de mercado (el que dan las empresas de TV y de electrónica de consumo) pero sólo si hacen las cosas bien. Es decir, si son capaces de hacer cosas que gusten a los usuarios. 

    El otro día en el evento del IESE, el director técnico de la EBU, una persona ciertamente brillante, explicaba cuánto más de barato es hacer una red de radiofrecuencia que una IP para la distribución de los contenidos. Y tenía razón, salvo por el pequeño detalle que la red IP va a estar seguro, porque la sociedad se la está dando para conectar todo lo demás. Y de repente la red de RF es la segunda. Seguro que será usada durante muchos años como la manera de distribuir contenidos, pero algún día tendrá que superar el reto técnico de convertirse en IP y tener doble dirección.
  3. Divergencia de dispositivos. Lo único que tengo claro del dispositivo de mi salón dentro de 10 años es que tendrá una pantalla grande. De lo demás no tengo ni idea. Ni la tendré hasta que no me lo compre. Igual que ha ocurrido con los móviles y con los coches, cada vez habrá más tipos de dispositivos distintos, con más libertad de elección para el usuario final. No todos tendrán las mismas funcionalidades, claro, pero seguro que los más populares compartirán las más básicas.
  4. El usuario es el rey, y lo que le interesa son los contenidos y la experiencia. No se equivoquen, el que manda es el usuario. Todo lo que hagan para quitarle poder al usuario es una ingenuidad de dibujos animados. Pero ojo, que el usuario no es un ingenuo. Ya sabe que tendrá que pagar o ver publicidad por determinados contenidos, y hará lo que le parezca, incluso contratrarlo.
  5. No me creo un mundo sin copyrights. Porque si existe un mundo donde no existan los copyrights, la gente que sabe de contenidos se quedará sin recursos. Perderá mucho dinero, claro, pero los que puedan se irán allí donde puedan rentabilizar su talento. A la publicidad, por ejemplo, y entonces las series de TV serán meros vehículos para el product placement, o a sitios superprotegidos, a los que tendrá acceso poca gente. A la larga el usuario pierde sin los copyrights. Porque los derechos de propiedad intelectual habilitan los modelos de negocio que hacen que el talento quiera dedicarse a generar contenido.

    Otra cosa es que el mundo se haya hecho más complejo, técnicamente.

 

En fin, ya comentaremos. Desde Microsoft la cosa se ve de una manera particular, claro. Yo estuve en prácticamente todas las presentaciones de Windows Media Center que se hicieron en el lanzamiento de producto en 2005 a las distintas empresas de TV en España. Al final, para la mayoría de la gente resultó demasiado caro poner un nuevo PC en el salón. Sin embargo, desde el lanzamiento de Windows Vista (en el que el software de Media Center se ha incluido en todas las ediciones de Vista para el hogar menos Home Basic, el servicio está teniendo unos incrementos de uso más que notables. Dejo aquí algún pantallazo y algún enlace sobre lo que será Media Center en Windows 7, para que no quede duda de que seguiremos en la brecha.

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