No señor, no es lo mismo. Esta vez estoy en desacuerdo con mi amigo Gonzalo cuando en su último post

La Nueva Industria Audiovisual: Desconcierto sobre el Ciudadano/Productor y... el cine, claro

equipara la inversión de las administraciones públicas en software y en cine o algún otro producto cultural.

Porque no es lo mismo invertir dinero en mantener o desarrollar una determinada industria cultural (tema sobre el que Juanjo Carmena puede tener una opinión pero seguramente Microsoft no debe meterse) que invertir un dinero en ser eficiente para prestar un servicio a los ciudadanos.

En el primer caso los criterios supongo que se elaborarán sobre la conveniencia para la sociedad de que existan una serie de creaciones que no pueden ser financiadas per se, o con la suficiente libertad, o en suficiente número por el sector privado. Supongo que me dejo cosas, porque no soy especialista en el tema.

En el segundo caso es algo completamente distinto: los poderes públicos tienen el mandato de ofrecer el máximo nivel de servicios a los ciudadanos a partir de unos impuestos que pagamos entre todos. Me parece ridículo que el modelo comercial del software tenga que ser un criterio predeterminante, porque estaría sin duda forzando situaciones en los que se penaliza la eficiencia en el uso de los recursos públicos para dar servicios a los ciudadanos. Es confundir la velocidad con el tocino.

Ojo, no estoy aquí diciendo que todo tenga que ser siempre software comercial. Lo mínimo que podemos pedir es que la administración sea capaz de elegir inteligentemente. Y los proveedores de software comercial tendremos que ser capaces de justificar el coste de nuestros productos. O no venderemos.