La que se ha montado, la verdad. Me han preguntado muchas veces estos días por mi posición sobre el “En defensa de los derechos fundamentales en internet”, y la polémica que viene de un poco antes. Creo que conviene dejar por escrito lo que pienso. Esta es mi opinión personal, aunque obviamente no puedo abstraerme al 100% de mi condición de empleado de Microsoft, que seguro que al menos me condiciona algo en mi visión de las cosas. Eso sí, no tengo instrucciones para escribir.

Hay que empezar diciendo que hay muchos puntos con los que estoy de acuerdo del manifiesto:

  • creo que los derechos fundamentales a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión no pueden quedar menoscabadas por la defensa de los derechos de autor ni de otro tipo de derechos.
  • creo que la suspensión de una libertad fundamental debe ser únicamente competencia del poder judicial.
  • creo que debe haber leyes que amparen la neutralidad de la red.
  • creo que todo el mundo esta en el fondo de acuerdo en la manera correcta de cambiar las leyes en una democracia.
  • yo creo firmemente que las industrias culturales necesitan alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y con todo el resto del punto 6. Y sigo abajo con el pacto social.

Pero hay algo que subyace en el texto con lo que no puedo estar de acuerdo en absoluto: no se puede hablar tanto de libertad cuando al mismo tiempo se está coartando la libertad de los demás. ¿Quiénes son los firmantes del manifiesto para decirle a un músico que no tiene derecho a vivir vendiendo discos? ¿Van a decirle también a Microsoft que no tiene derecho a vender licencias de sus productos?

Hay varias partes del texto donde este tema se ve de una manera muy clara:

  • el punto cuatro dice que “la nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural”. ¿Cómo? ¿Es que va a prohibir alguna manera de creación o difusión de alguna manera? ¿O impide o dificulta el copyleft? No, el que quiera hacer caso de Anderson y practicar el “Free” estará en su pleno derecho, también con la nueva ley. Quien quiera que sus obras circulen libremente por internet podrá hacerlo sin obstáculos. ¿Ha propuesto alguien prohibir la Wikipedia y yo no me he enterado? Y ¿qué es eso de que “se ha democratizado enormemente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes”? ¿Qué? La inmensa mayoría de la música que se descarga se edita en un CD como toda la vida, alguien se lo ripea y lo pone a disposición de todo el mundo. Es verdad que hay (y yo me alegro) nuevas oportunidades para nuevos grupos gracias a internet, pero la música que la gente oye ripeada se edita mayoritariamente de la manera tradicional. Igual que el cine. Ya hemos hablado de esto antes en el blog. Lo más visto en Youtube es sistemáticamente contenido “ripeado” de una TV comercial.
  • En el punto cinco, yo creo que cualquiera puede estar de acuerdo con la primera fase, el problema es que los redactores del manifiesto están intentando salvar a los creadores de ser unos “obsoletos que no se adaptan a este nuevo entorno”. Con este tema sigo abajo en el punto sobre el pacto social.
  • el punto 7 es probablemente el más rebuscado. Habla de la libertad. Bien sagrado. Todos de acuerdo. Pero es que la niega en el siguiente punto. “Devolver a al sociedad el conocimiento”. ¿El conocimiento es un disco de Springsteen, o de Alejandro Sanz o de Ramoncín? Y… ¿quién decide que un modelo de negocio es obsoleto? ¿Será el que se juega los cuartos, o un grupo de gente por internet? Y sigue en lo del pacto social más abajo.
  • Y la cosa sigue en el punto 9. “Devolver a la sociedad el conocimiento”. ¿Cómo se define “el conocimiento” según quién haya escrito este manifiesto? ¿Qué tiene que ver el tocino con la velocidad? El conocimiento científico se reconoce universalmente en las revistas que publican los “papers” de los investigadores universitarios. Esas revistas son de pago. ¿Algún problema para alguien? ¿Deberían poderse descargar libremente por internet? Mi opinión es que lo decidan las propias revistas. Y… ¿qué tiene que ver el “dominio público” en todo esto? Casi nada de lo que se enseña en las universidades es dominio público, la ciencia no se publica como dominio público, sino como libros (me acuerdo el pastón que costaba el Samuelson). Los libros de divulgación vienen costando dinero. Todos los que han escrito esto vienen usando ordenadores (incluso Macs), que tienen muchas muchas muchas piezas protegidas con patentes o con programas de propiedad intelectual restrictivos. ¿En qué les ha impedido descargar música, acceder a los contenidos más variados, o escribir el manifiesto? Subyace una idea modelo GNU/Stallman de confundir lo “free as in freedom” con el conocimiento, la ciencia, lo libre, lo abierto, lo limpio, lo interoperable, lo democrático, lo “bálsamo de fierabrás” y la paz en el mundo. Sorry, no lo comparto, igual que mucha más gente. Incluso según Linus, Linux es “free as in free beer”, pero él es el dueño. No lo vende porque no quiere, y todos reconocemos su derecho.

Desde mi punto de vista, queda claro que se mezclan churras con merinas. Una cosa es que muchos estemos en contra del cánon (que lo estamos), y otra cosa es que yo crea que la posibilidad física de descargarme todo el catálogo de un músico me da derecho a hacerlo sin pagar nada. El mundo de la música ha sido particularmente lento en adaptarse a la realidad digital, y les ha pasado que toda la innovación (iTunes, Spotify, Last.fm, etc) les ha llegado desde fuera y les ha barrido. Y pareciera que ahora quieren controlar por la fuerza un proceso que podrían haber dirigido si hubieran puesto intención, inteligencia y energías mucho antes. Yo creo que no se debe someter las libertades fundamentales a la protección de los derechos de autor, igual que no se deben someter a la seguridad nacional, a los derechos históricos de ninguna patria o a la protección de los vinos de Rioja, siendo todas ellas causas muy nobles que tienen sus dignos defensores.

Yo sí sigo creyendo que el autor tiene derecho a determinar cuál es su modelo de negocio, dentro de una enorme variedad de posibilidades, que seguramente irá creciendo con los avances tecnológicos que iremos viendo con los años. El que quiera practicar el “free” que lo practique. El que quiera cobrar por copia, o por tiempo, o por otra cosa que lo haga. Y los usuarios finales que sean realmente libres para elegir lo que ellos quieran, sin que nadie les salve de nada.

Entonces, ¿qué hacemos? Hoy un catedrático de filosofía en la cena me ha hablado de algo llamado el pacto social.

¿Qué es lo que diferencia a las sociedades más avanzadas? El respeto voluntario a unas normas comunes de convivencia. Si tu te dejas un bolso caro en el asiento de una estación de metro en Tokio, posiblemente nadie lo toque durante muchas horas. En Estados Unidos los españolitos nos quedábamos asombrados de que echando 25c pudieras abrir la tapa del cajón de los periódicos… y estos locos americanos sólo se llevan uno pudiendo llevárselos todos.

En España posiblemente casi nadie entrara en casa ajena a llevarse algo, incluso sabiendo que nadie le pillaría, pero muchísima gente sisa a Hacienda en cuanto puede, o se baja las obras completas de U2 o de Fito y Fitipaldis en cuanto aprende cómo. Yo conozco a un par de personas de los que en broma decimos que están haciendo copia de seguridad del emule, que se han bajado tanta música que no creo que tengan tiempo en su vida para oírla.

Lo que yo propongo es que empecemos a trabajar en lo que es importante: en el pacto social. Que haya libertad para que el creador elija cómo comercializa su música, y libertad para los usuarios para elegir qué música consumen, pero con la conciencia de los resultados que sus acciones tienen para la retribución de los autores, respetando las decisiones de los autores sobre su forma de comercializar. Sin imposiciones por las bravas, pero con educación. Que florezcan Spotify (me confieso enganchado, gracias también a lo que nos recomienda Martín) y demás nuevos modelos, pero que se escuche y respete a los autores.

Es una pena, porque suena a naïf. Pero en muchos órdenes de la vida la cosa funciona así, quizá más en otros países.

Los creadores que empujaron el canon empujaron en sentido contrario a este pacto social. Los que escriben el manifiesto, que en mi opinión están negando el derecho a los creadores a comercializar a su gusto sus obras, también están empujando en contra del pacto social.

Innovemos. Dejemos que la gente encuentre su camino. Cada uno tiene derecho a encontrar su camino. Respetemos ese derecho.

Firmemos un pacto social en este tema.

 

Por cierto, debería haber retweeteado uno de Fuckowski, en el que se recuerda que alguno de los que promueve el manifiesto (y que ha presumido de ir a ver a la Ministra, posiblemente antes de tiempo), que la defensa de las libertades se la entiende de manera flexible.